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  • CRÍTICAS RECIBIDAS


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    30 de enero de 2015

    CRITICA AL LIBRO DE LA GUERRA DEL PARAGUAY, POR EL HISTORIADOR SEBASTIAN MIRANDA:

    Guerra del Paraguay  - Leonardo Castagnino “Acabo de terminar de leer el libro “Guerra del Paraguay. La triple alianza contra los países del Plata”que gentilmente me obsequió y dedicó el amigo Leonardo Castagnino.

    Celebro este excelente trabajo que abarca los antecedentes históricos, los aspectos políticos, militares, económicos, ideológicos y geopolíticos del conflicto. Impecablemente documentado, pone en evidencia la naturaleza de la agresión sufrida por el Paraguay por parte del Brasil, del usurpador V. Flores de la Banda Oriental y de los unitarios argentinos. El autor fustiga la política antiamericana encarnada por Mitre y Sarmiento, que bajo la excusa de una civilización que nunca existió, aniquiló al pueblo paraguayo y a los federales argentinos y orientales, sirviendo a los intereses del imperio esclavista del Brasil y a los banqueros británicos. Las comparaciones con la alianza que llevó al derrocamiento de Juan Manuel de Rosas y el daño que estos procesos generaron a América son constantes y acertados.

    Las atrocidades de los aliados están rigurosamente documentadas, utilizando especialmente las fuentes generadas por ellos mismos. El solo informe del marqués de Caxias al emperador, de 1867, transcripto íntegramente, constituye una prueba irrefutable de los crímenes aliados, del valor del pueblo paraguayo y de los verdaderos intereses geopolíticos del Brasil, gran ganador de la contienda.

    La obra demuele la mentira de la figura de B. Mitre como prócer que la historiografía liberal, plagada de mentiras, ha difundido, demostrando la verdadera naturaleza de este personaje nefasto para la historia argentina y americana. Lo mismo sucede con otro de los grandes traidores a la Patria, al partido federal y a la causa americana: Justo José de Urquiza.

    Finalmente, destaco enormemente el ideal americanista que rescata el autor y que supieron encarnar Juan Manuel de Rosas, Gervasio Artigas y Francisco Solano López. Se trata del ideal edificado sobre las bases de la cultura hispano-criolla heredada de nuestros mayores, tan distinta al repugnante izquierdismo que se proclama actualmente por el progresismo marxistoide vigente en el continente.

    Felicitaciones querido amigo, esperando tu próximo trabajo. Gracias por este aporte a la difusión de la verdad.”

    Sebastián Miranda"

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    Agradezco al Dr.Alberto Gelly Cantio, Presidente del Intituto de inveStigaciones Historicas de Juan Manuel de J.M. de Rosas de Buenos Aires por lo dicho durante la presentacion de mi libro Historias de La Pampa.

    A si mismo agradezco a la Comision Directiva del Intituo Rosas de San Martin, por las sentidas palabra que me dedica:

    "El Instituto de Investigaciones Historicas Juan Manuel de Rosas de San Martin, saluda y felicita al amigo Leonardo Castagnino por esta publicación- La Comision Directiva"

    "Remitimos a Uds. la parte 2 de la presentacion del libro de nuestro amigo el Ing. Leonardo Castagnino, que recomendamos a todos.
    En el mismo se ve una nueva faceta del autor, ademas de la de historiador, que es la de escritor. Nuestras felicitaciones!! Perióidco El Gran Americano" (Periódico del Inst.Rosas)

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    Opinión de un lector sobre el libro
    “GUERRA DEL PARAGUAY. LA TRIPLE ALIANZA CONTRA LOS PAISES DEL PLATA”





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    Mensaje de lector (19 de febrero de 2013)

    Guerra del Paraguay - La Triple Alianza Terminé de leer un gran libro, que para los que saben de historia, pueden hacer el límite entre la verdad y la picardia.
    Es una dulce mezcla entre la historia, lo cotidiano, lo culinario y esa fantasia que te arranca una carcajada imprevista.
    Realmente fantàstico,amigo Leonardo, tu libro"¿QUIÈN INVENTÒ EL DULCE DE LECHE?"
    ¿Quien quiere saberlo?...hay que leer el libro.

    Myriam Sosa

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    Mensaje de lector (8 de 2013)

    Claros...precisos (tus libros)... y como decís en el final del reportaje, sin influencias políticas ni filosóficas...unas verdaderas JOYAS TUS LIBROS!!... Se los recomiendo a todos por la excelencia de sus contenidos....pero no los presto (que se los compren, che!).
    Felicitaciones y un muchas gracias asi de grande!!!...

    Marta Cestac

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    Mensaje de lector (06 de enero de 2013)

    Guerra del Paraguay - La Triple Alianza Estimado Leonardo Castagnino.

    Acabo de terminar su magnifico trabajo “LA GUERRA DEL PARAGUAY – La triple alianza contra los países del plata”

    Lo he comenzado en Chapadmalal y sin poder dejarlo lo he terminado en Misiones, con el agregado, en este caso que el leerlo en zona guaraní le agregó otro matiz.

    No puedo menos que felicitarlo por su muy bien documentado trabajo, sobre todo con la cantidad de cartas y escritos de quienes fueron sus protagonistas. Por supuesto que su libro trae alguna versión que difiere con el libro de mi padre, pero si la historia se tomase “a la Mitre” sacralizando los hechos una vez contados, no tendrían lugar los historiadores.

    Me ha dejado usted con sentimientos encontrados, entre un indignado patriotismo por lo que pudo ser y no fue y una vergüenza ajena por la participación de nuestra azul y blanca en semejante asesinato.

    A mi criterio solo una cosa debió incluir en el final; el interesante episodio que salvó al paraguay de ser protectorado brasilero. No recuerdo si está incluido en el libro de mi padre (estoy a 1000km de mi biblioteca) pero como tengo en la computadora algo redactado por mi para una conferencia (seguramente tomado de un artículo de mi padre del diario Mayoría de 1974) se lo mando junto a este correo.

    Reciba un admirado abrazo de

    Eduardo Rosa

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    Mensaje de lector (04 de enero de 2013)

    Estimado Señor Castagnino

    El motivo de la presente es el de agradecerle el trabajo de investigación que Ud. realizó y que plasmó en el libro de la referencia (Guerra del Parguay ) el que leí con sumo detenimiento.

    Yo asistí a la presentación de su libro y quedé muy satisfecho, hoy leí los comentarios de la prensa en la página de la Gazeta Federal y estos ratifican mi sensación del evento.

    Siempre me interesó la historia Argentina y especialmente el revisionismo histórico, habiendo dedicado mucho tiempo a leer la “historia oficial” con el afán de fijar una postura.

    Con respecto de la Guerra del Paraguay, personalmente tengo lazos en mis antepasados, mi tatarabuelo fue el Tte. Cnel. Francisco del Prado quién participó en esa triste contienda. Desde muy joven escuché con mucho interés los comentarios que hacía mi abuela, nieta del Tte. Cnel. y creo que de temprana edad se inculcó en mi la pasión por la historia. Dediqué bastante tiempo en indagar sobre Francisco del Prado y cuáles fueron los motivos por los que, si bien tuvo un trato muy cercano con Bartolomé Mitre, Emilio Mitre y Wenceslao Paunero se vio obligado por su dura personalidad y enfrentamientos con la política de la conducción militar en la guerra, a pedir su efectivo retiro del ejército. Estos acontecimientos influyeron para que los narradores de la historia oficial lo dejaran en el olvido. A raíz de estos motivos, creo haber llegado a algunas conclusiones.

    Francisco del Prado fundó los Fortines el Hinojo, de Leones y La Larga; antes de la Guerra de la Triple Alianza estuvo destacado como Comandante en el Fortín Melincué, donde, el año ppdo. al museo de esta Comuna se le dio su nombre. En ese acto, los descendiente donamos la Foja de Servicios, sable, condecoraciones y otros elementos, los que consideramos pertenecen al patrimonio nacional para que las generaciones futuras puedan contar con testimonios auténticos. Además participó en nuestras tristes guerras intestinas que Ud. bien conoce.

    Recibo periódicamente información de la Gazeta Federal, la que considero como material de excelencia.

    Por último, estoy interesado en poder coordinar un encuentro con Ud., a los efectos de poder formularle algunas preguntas con el afán de continuar con mi modesta investigación. Dejo a su estricta consideración este pedido, atento a sus actividades.

    Lo saludo a Ud. muy atentamente.
    Lic. Guillermo Peirano

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    Mensaje de lector (25 de octubre de 2011)

    Estimado:

    Su libro sobre la Guerra del Paraguay ( Guerra del Parguay ), literalmente me esta rompiendo la cabeza, no me deja dormir.

    Es excelente. Gracias por la investigación y la claridad.

    Juan Santiago Correa

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    Periódico "La Prensa, sección Cultura" (29 de abril de 2011)

    La Prensa, sección Cultura
    UN ESTUDIO CRITICO (Periódico La Prensa)

    LEONARDO CASTAGNINO ANALIZA MOMENTOS DECISIVOS DE LA HISTORIA


    El libro “Guerra del Paraguay. La triple Alianza contra los países del Plata”, permite conocer y profundizar a través de opiniones y documentos el conflicto armado. En la Presentación estuvieron numerosas figuras de la cultura.

    En el libro 'Guerra del Paraguay. La Triple Alianza contra los países del Plata', presentado a comienzos del actual en la Manzana de las Luces, Leonardo Castagnino analiza las causas y consecuencias de esta contienda, a la que considera parte fundamental de las luchas civiles entre unitarios y federales.

    También, el autor analiza las agresiones de las potencias europeas de la época, y el avance del imperio brasileño sobre la cuenca del Río de la Plata en forma continua hasta llegar a momentos clave de la historia como la batalla de Caseros, las luchas civiles y la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay.

    La presentación estuvo a cargo de Alberto Gelly Cantilo, José Luis Muñoz Azpiii, Diego Gutiérrez Walker y del propio autor, quien definió al libro como "un eslabón más en el esclarecimiento de esa lucha incluida dentro del concepto de 'Civilización o Barbarie`.

    PUEBLOS SOMETIDOS

    Desde una visión revisionista, con una fuerte defensa a las acciones desplegadas por Juan Manuel de Rosas, los panelistas vertieron sus opiniones sobre el libro.

    El texto da a conocer opiniones y documentos sobre la llamada guerra del Paraguay o de la Triple Alianza, que transcurrió entre 1864 y 1870, y se incluye el relato de las principales acciones bélicas así como los testimonios y citas de los actores más importantes del conflicto político.

    En una sala de la Manzana de las Luces, ante un público donde había numerosas figuras de la cultura, Castagnino agradeció a todos los que colaboraron para la edición de 'Guerra del Paraguay...', publicado por ediciones Fabro.

    "Se trata de una guerra que fue prevista y que buscaba, con el auspicio británico, continuar sometiendo a los países de América” reflexionó el autor acerca de este hecho de nuestra historia, al que Juan Bautista Alberdi definió como "una guerra civil de nuestros pueblos contra la triple oligarquía antinacional de Buenos Aires, Montevideo y Río de Janeiro".

    Gelly Cantilo consideró al libro "apasionante" por sus dos partes: la primera se detiene en el desmenuzamiento de los elementos que conforman la introducción a la guerra" y luego la segunda parte centrada en la descripción detallada de las batallas".

    También llamó la atención sobre la forma en que el libro describe la política de la Triple Alianza: "Que divide y debilita a las otras alianzas americanas" y el lugar que le otorga a las resistencias de los libertadores".

    ESTABA ESCRITO

    Para finalizar, el académico hizo hincapié en los documentos citados en el libro que dan testimonio de cada una de las etapas de la guerra.

    Por su parte, Muñoz Azpiri destacó que "siempre predominó la versión 'mitrista' de esta historia" y ahora este libro viene a traer "una nueva luz en referencia al contrapunto que el autor despliega frente a la historia oficial”.

    La necesidad del Imperio de expandirse en nuestro territorio es uno de los motivos desarrollados por el autor a lo largo del libro, y uno de los ejes principales de la charla.

    Muñoz Azpiri hizo una separación entre la novela histórica, que "Interpreta desde la invención y la recreación y está sujeta a arbitrariedades e imprecisiones", y este libro, que "explora el origen de ese genocidio americano".

    Antes de terminar, Gutiérrez Walker realizó un cuadro descriptivo del autor y de los oradores dentro del campo federal: su compromiso social y cultural, la reivindicación de la figura de Juan Manuel de Rosas, la continua labor revisionista, las adversidades de la ideología y la "pasión por la búsqueda de verdad en la historia"

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    Inst.de Investig.Hist.J.M.de Rosas
    INSTITUTO DE INVESTIGACIONES HISTÓRICAS
    JUAN MANUEL DE ROSAS (BS.As.)


    En mi carácter de Secretario General del Instituto Nacional Juan Manuel de Rosas y Coordinador del curso con la colaboración de Jose Luis Muñoz Azpiri y Pablo Vazquez, debo felicitar a Leonardo Castagnino por la claridad de la exposición (Ver video) y la revelación de algunos aspectos no conocidos de este conflicto con la hermana República del Paraguay, y el lamentable final de esa guerra y la secuela del drama provocado a su población.

    Dr. Oscar J.C. Denovi

    (19 de octubre de 2011)

    Curso de Hist.en el Inst.de Invest.Hist.J.M.de Rosas
    La guerra del paraguay - Leonardo Castagnino



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    Guerra del Paraguay - La Triple Alianza 20 de agosto de 2011

    Como les dije anteriormente, lo estoy leyendo y es apasionante ( Guerra del Parguay).
    Lo recomiendo calurosamente.

    Presten atención al subtìtulo: "La Triple Alianza CONTRA LOS PAISES DEL PLATA".

    Probablemente, lo que más me entusiasma es que todo el libro está escrito a la manera de Taine: con pruebas contundentes.

    Martín

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    15 de julio de 2011

    Estimados:

    Hace pocos dìas terminè de leer este libro ( Guerra del Paraguay ). Quiero felicitar al autor, es el tercer libro sobre este tema que leo, despuès del de Pepe Rosas, y el de J. B. Alberdi. Si bièn conocìa sobre el tema, fuè este libro el que “no me dejò dormir”, ya que lo leìa en la cama y lejos de adormecerme, un dìa lleguè a estar hasta las 04:45 hs., de la madrugada despierto, ya que me daba mucha “bronca” por la injusticia cometida contra el pueblo hermano Paraguayo.

    Se los recomiendo, y màs particularmente a los Paraguayos, ya que como dice mi Presidenta “todo tiene que ver con todo”, esto les va a servir para ayudarlos a entender la realidad del pueblo hermano.
    Un abrazo a todos y especialmente al autor.

    Hugo Raùl Mattaliano


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    5 de junio de 2011

    Guerra del Paraguay - Leonardo Castagnino
    Leonardo Castagnino:

    Se debe tener una buena cuota de valentía para escribir este libro (Guerra del Parguay), porque va a originar muchas críticas, pero el escritor habla por sus escritos y es bueno que origine un debate.
    ...
    La Guerra del Paraguay es un librazo en todo sentido, un tardío pero muy justo homenaje a los que libraron esa guerra. Cumpliste plenamente.
    ...
    Es un libro de lectura muy necesaria, no es revisionista sino "verdaderista" porque relata con detalles, con fundamentos, con crudeza la historia real. Todo esta plasmado con agilidad con interés y a mi me produce cierta indignación por lo que hicieron nuestros proceres, que como seres humanos tenían además de grandezas, muchas bajezas. Muy buen trabajo, felicitaciones.

    Francisco Frezzini
    www.mercedesopina.com.ar



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    Leonardo Castagnino
    Leonardo Castagnino en Mercedes (Corrientes)
    Publicado el 18/11/2011
    Mercedes Opina

    Leonardo Castagnino, un erudito en historia revisionista, presentó su libro Guerra del Paraguay. La Triple Alianza contra los Países del Plata, en la Biblioteca Literaria Belgrano de la ciudad de Mercedes Corrientes.

    El autor revisionista, explicó con sólidos y fundados argumentos, la otra historia de esa terrible guerra que aniquiló a un pueblo heroico, el paraguayo.

    Castagnino en sus libros, ilustra sobre esa profunda división entre argentinos, que nos viene desde el inicio mismo de nuestra historia. Unitarios y Federales, azules y colorados, peronistas y antiperonistas que no nos deja desarrollarnos como nación.

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    PALABRA DE PERIODISTAS
    (Mercedes Opina. Prov. de Corrientes)

    La Triple Alianza contra los paises del Plata
    Publicado el 18/11/2011
    Datos del Autor
    José Niveyro
    Contador público - Docente -Periodista de radio y páginas digitales

    LA HISTORIA OFICIAL Y LA OTRA HISTORIA

    La presentación de su libro Guerra del Paraguay por parte de Leonardo Castagnino el pasado 12//11/11 en la Literaria Belgrano, nos da pie para comentar su libro y dejar al descubierto una vez más la interesada versión, cuanto no mentira lisa y llana, que en la historia liberal oficial se nos ha brindado y que los copistas y “recitadores” nos repetían en las escuelas.

    LA POLITICA BRITANICA

    Dice el autor que Marco Polo trajo a Venecia y de allí algunos banqueros lo llevaron a Londres, algunos libros sobre estrategia diplomática, de espías, de servicios secretos y de tácticas militares que los chinos desarrollaron durante siglos. Algunos de ellos serían determinantes en nuestro destino de América: “divide y triunfarás”, “apoyar al débil para debilitar al fuerte”, “dejar un puerta abierta al escape del enemigo” y la del “súbdito ofendido” o la “diplomacia del marinero herido” que justificaban acciones militares contra países débiles.

    La colonización mental traída por “los hombres de las luces”, como Rivadavia y Sarmiento, nos hizo creer que los franceses y los ingleses eran la cuna de la cultura, mientras que la nuestra, heredada de españoles e italianos era la “barbarie”. Resulta que cuando los griegos eran el centro de la civilización, Inglaterra no existía, y cuando Roma era un imperio, los sajones eran los “bárbaros”.

    En todo caso, agrego, debemos reconocer la astucia con que los ingleses se apropiaron de los bienes culturales ajenos para ponerlos al servicio de sus intereses.

    EL DOGMA DEL LIBRE COMERCIO

    Este famoso dogma no fue aplicado, dice el autor, en un principio por los ingleses, sino hasta después de estar ellos mismos en posibilidad preponderante de beneficiarse de él. Inglaterra aplicaba en su reino una política absolutamente proteccionista. Traía tecnología de Europa continental, pero estaba prohibida la difusión de la propia. Importaba ejemplares ovinos para mejorar sus planteles, pero tenía absolutamente prohibido exportar los suyos. Exportaba tejidos de lana, pero estaba prohibido importarlos. En defensa de su industria textil, estaba prohibido exportar lana cruda.

    LA DOMINACION ECONOMICA: LOS EMPRESTITOS

    Fracasado el intento de dominación militar, Inglaterra optó por la dominación económica.. Dominará la América española mediante el ahogo financiero (más precisamente, la estafa) y fomentando la división en países más chicos. “De 1822 a 1826, diez empréstitos han sido hechas en Inglaterra en nombre de las ex colonias. Inglaterra desembolsó 7 millones de libras, pero las repúblicas españolas quedaron hipotecadas por casi 21 millones”.

    EL EMPRESTITO BARING

    Fue contratado por el gobierno de la provincia de Buenos Aires siendo su Ministro estrella Bernardino Rivadavia (socio de los ingleses en la Famatina Minning Company) por un millón de libras. Era para construir un puerto, fundar ciudades y dar agua corriente a Buenos Aires. En la Legislatura hubo quienes preguntaron “¿…y con qué pagaremos un millón de libras?” Los partidarios del empréstito (bonos) dijeron que se pagaría simplemente “con las ganancias del puerto, que rinden trescientos mil anuales”. La oposición dijo entonces, “…esperemos tres años, y con las ganancias del puerto, no necesitaremos el empréstito”. Los partidarios de endeudarse se quedaron sin argumentos, pero un ingenioso fundamento vino a dar vuelta la votación: “el ingreso de pesos oro reactivará la economía”.

    ¿CUANTO SE RECIBIO FINALMENTE?

    Se acordó en recibir al 85 %, es decir, quedó 850.000 libras. Se destinaron 30.000 para la Baring y 120.000 para los “negociadores”. Se descontaron por adelantado dos años en concepto de intereses, amortización y otros gastos. Quedó neto a cobrar unos 552.700 libras. Y cuando el gobierno reclama el saldo, Baring le envía solo 2.000 en monedas de oro y 52.000 en letras (papelitos). La diferencia queda depositada en el Banco de Inglaterra y no llegaron nunca.

    En definitiva, los genios del iluminismo y la civilización, contrajeron una deuda de un millón de libras (que terminó de pagarse en 1904), recibieron solamente 2.000 pesos oro y no se hizo ningún puerto, ni ciudad ni red de agua. Y esto se ha venido repitiendo a lo largo de nuestra historia, y hasta nuestros días.

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    TELAM
    Agencia de Noticias de la República Argentina


    6 de abril de 2011

    UN LIBRO PROPONE UNA NUEVA MIRADA SOBRE AL TRIPLE ALIANZA
    En el libro "Guerra del Paraguay. La triple Alianza contra los países del Plata", presentado anoche en la Manzana de las Luces, Leonardo Castagnino analiza las causas y consecuencias de esta contienda, a la que considera parte fundamental de las luchas civiles entre unitarios y federales.


    También el autor analiza las agresiones de las potencias europeas de la época, y el avance del imperio brasileño sobre la cuenca del Río de la Plata en forma continua hasta llegar a momentos claves de la historia como la batalla de Caseros, las luchas civiles y la guerra de la Triple Alianza contra el Paraguay.

    La presentación estuvo a cargo de Alberto Gelly Cantilo, de José Luis Muñoz Azpiri y Diego Gutiérrez Walker, y del propio autor, quien definió esa guerra como "un eslabón más de la lucha enmarcada dentro del concepto de `Civilización o Barbarie´".

    Desde una visión revisionista, con una fuerte defensa a las acciones desplegadas por Juan Manuel de Rosas, los panelistas vertieron sus opiniones sobre el libro.

    El texto da a conocer opiniones y documentos sobre la llamada Guerra del Paraguay o de la Triple Alianza que transcurrió entre 1864 y 1870 y se incluye el relato de las principales acciones bélicas así como los testimonios y citas de los actores más importantes del conflicto político.

    En una sala de la Manzana de las Luces, ante un público donde había numerosas figuras de la cultura, Castagnino agradeció a todos que colaboraron para la edición del libro "Guerra del Paraguay...", publicado por Ediciones Fabro.

    "Se trata de una guerra que fue prevista y que buscaba, con el auspicio británico, continuar sometiendo a los países de América", reflexionó el autor acerca de este hecho de nuestra historia al que Juan Bautista Alberdi definió como "una guerra civil de nuestros pueblos contra la triple oligarquía antinacional de Buenos Aires, Montevideo y Río de Janeiro".

    Gelly Cantilo consideró al libro "apasionante" por sus dos partes: "la primera se detiene en el desmenuzamiento de los elementos que conforman la introducción a la guerra" y "luego en la segunda parte centrada en la descripción detallada de la batalla".

    También llamó la atención sobre la forma en que el libro describe la política de la Triple Alianza: "Que divide y debilita a las otras Repúblicas americanas" y el lugar que le otorga a "las resistencias de los libertadores".

    Para finalizar, el académico hizo hincapié en los documentos citados en el libro que dan testimonio de cada una de las etapas de la guerra".

    Por su parte, Muñoz Azpiri destacó que "siempre predominó la versión `mitrista´ de esta historia" y ahora este libro viene a traer "una nueva luz", en referencia al contrapunto que el autor despliega frente a la historia oficial.

    La necesidad del Imperio de expandirse en nuestro territorio, es uno de los motivos desarrollados por el autor, a lo largo del libro y uno de los ejes principales de la charla.

    Muñoz Azpiri hizo una separación entre la novela histórica, que "interpreta desde la invención y la recreación" y que "está sujeta a arbitrariedades e imprecisiones" y este libro, que "explora el origen de ese genocidio americano".

    Antes de terminar, Gutiérrez Walker realizó un cuadro descriptivo del autor y de los oradores dentro del campo federal: su compromiso social y cultural, la reivindicación de la figura de Juan Manuel de Rosas, la continua labor revisionista, las adversidades de la ideología y la "pasión por la búsqueda de verdad en la historia".

    TELAM, 6 de abril de 2011

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    Comentario de José Luis Muñoz Azpiri (*)
    Académico de Número. Instituto Nac.de Invest.Históricas “Juan Manuel de Rosas”

    José L. Azpiri, Castagnino, Gelly Cantilo y Gutierrez Walker Don Arturo Jauretche, con su socarronería habitual, solía decir que en las mañanas en que se encontraba algo dubitativo, leía “La Nación” para hacer exactamente lo contrario a las propuestas del diario. A mí me sucede algo similar con los personajes históricos y políticos de antaño y hogaño: Basta que determinados sectores los estigmaticen con determinados calificativos, tales como “déspota”, “tirano”, “sanguinario”, “dictador” etc., para que inmediatamente les tome simpatía o, al menos, curiosidad. No hace mucho, en 1971, en uno de los boletines de la Academia Nacional de la Historia, el bisnieto del general Paz, admirador confeso de Mitre y autor de un libro y varios artículos sobre la guerra del Paraguay, escribió:

    “Se ha escrito mucho sobre los “antecedentes” de nuestra guerra con el Paraguay. Se han buscado causas imponderables y remotas; se ha estudiado un largo proceso que tendría su origen en la Colonia y que habría hecho crisis en 1865; se ha vinculado ese conflicto bélico con el sentimiento autonómico del pueblo paraguayo, ya exteriorizado cuando la expedición del general Belgrano en 1810. Algunos investigadores, menos propensos a interpretaciones de largo alcance, han visto en el conflicto bélico entre Paraguay y la Argentina una consecuencia natural de la intromisión de Mitre en las cuestiones internas uruguayas, y de la astuta diplomacia de Itamaraty, que nos arrastró a la guerra para procurarse un aliado en la que ya sostenía contra el país mediterráneo. El autor de estas líneas viene sosteniendo una explicación más simple. Nuestra guerra con el Paraguay fue desencadenada por la formación mental de un hombre, cuya soberbia, altanería, orgullo y vanidad, lo llevaron inexorablemente a ese desenlace. Tal era el Mariscal Francisco Solano López. Su simple título militar, en un país de paz, trabajador, dócil y feliz, desentonaba, notoriamente, con las sencillas costumbres de su pueblo, y chocaba, desde luego, con la sensibilidad de las repúblicas del Plata”.

    Ni el Paraguay fue “dócil” desde su nacimiento, ni los países hispanoamericanos fueron de “paz” tras declararse independientes. Esta ha sido la versión imperante desde Mitre hasta hoy sobre la contienda que enlutó cuatro naciones, supuestamente desencadenada por un megalómano enajenado que, al igual que el “tirano de Buenos Aires” aislaron a sus países del resto del mundo o se permitieron enfrentarlo. No en vano, el Restaurador de las Leyes había obsequiado su sable a Solano López en reconocimiento a su viril defensa de la soberanía, así como él también había recibido el del Libertador por idénticos motivos. Este nuevo aporte de Leonardo Castagnino, que se suma a su “Juan Manuel de Rosas. Sombras y verdades” junto a sus cotidianos aportes desde la “Gazeta Federal”, constituye un mesurado y riguroso análisis sobre las causas y consecuencias de esta tragedia americana.

    Tras la caída de Rosas y la consolidación unitaria en nuestro país, los gobiernos de la Argentina y Brasil se acercaron y decidieron la manera de regir conjuntamente los destinos de la zona. Ambos mantuvieron excelentes relaciones con las principales potencias europeas y siguieron una política económica que ofreciera las máximas libertades a las mercaderías y los capitales ingleses y franceses.

    Uruguay, objeto de feroces disputas durante la época de Rosas, fue pacificándose bajo la influencia de sus dos grandes vecinos y de Inglaterra y de Francia. Venancio Flores, caudillo colorado sucesor de rivera, llegó a un acuerdo en 1855 con el general Oribe y los blancos, en el sentido que el gobierno lo tomara, alternativamente, cualquiera de los dos partidos, y que la selección de mandatarios fuera aceptable para ambos. Conforme a esos principios, se escogió primero a Gabriel Pereira, blanco moderado, y luego a Bernardino Berro, amigo de los colorados. Ambos fueron aceptables y aceptados. Pero en 1864 fue elegido presidente de la República el representante del Partido Blanco, Anastasio Aguirre, Venancio Flores no pudo entenderse con Aguirre, lo desconoció, y se alzó en armas con los Colorados el mismo año.

    Manzana de las Luces Más hacia el oeste, Paraguay se encontraba bajo el mando de Francisco Solano López, hijo del presidente anterior, Carlos Antonio López. La historia de la nación paraguaya desde la época colonial había sido violenta y peculiar, dando a ese país rasgos especiales que lo diferencian de sus vecinos. Los indios guaraníes, de apreciable adelanto cultural autóctono, de origen Caribe y que habían llegado a las nacientes del plata buscando la “Tierra sin Mal”, han dejado hasta hoy profunda huella en el carácter nacional paraguayo. En el siglo XVIII, Paraguay fue el escenario de importantes movimientos comuneros, de reivindicaciones democráticas expresivas del sentir de las capas medias y las masas populares. Hemos dicho en alguna oportunidad que: “Poco o nada tuvieron que ver con nosotros las guillotinas de la revolución francesa o las pelucas empolvadas de los señores de Virginia. Treinta y nueve años antes de aparecer en Francia el “Contrato Social” de Rousseau, hubo el levantamiento de los comuneros del Paraguay”. Por otra parte, en ese mismo siglo se desarrollo en el Paraguay el extraordinario ensayo social de las Misiones jesuíticas: casi un Reino de Dios sobre la Tierra, donde la economía y la organización social, aseguraban a cada quien el bienestar, la seguridad total y el desenvolvimiento de la personalidad dentro del marco de las doctrina cristianas y la paternal supervisión de los sacerdotes de la Compañía de Jesús. El “Imperio Jesuítico” – al decir de Lugones – dejó profundas huellas en la economía, política y tradición paraguayas. Como un singular producto de esta tradición, jamás logró consolidarse en el Paraguay una fuerte clase latifundista. El gobierno del Doctor Francia ahondó esta tendencia, creando una clase de pequeños productores y, apoyados en ella, un poderoso ejército. El aislamiento del Paraguay no era resultado de la misantropía del doctor Francia, según afirman frívolamente algunos eruditos, sino la expresión histórica de la disgregación nacional sobreviniente a la lucha de independencia de España en el Río de la Plata. Idéntico destino corrieron también Uruguay y Bolivia. Ya en las primeras páginas de la obra, Castagnino destaca las torpezas y la prepotencia de la Junta de Mayo con la altiva nación guaraní, germen de lo que resultaría en su separación definitiva de la Confederación.

    Paraguay se había independizado de la dominación española en 1814, bajo la jefatura fundamental de Gaspar Rodríguez de Francia, quién posteriormete se convirtió en el dictador absoluto del país, permaneciendo en el poder hasta 1840. Inmortalizado por Roa Bastos en “Yo, el Supremo”, Rodríguez de Francia sumaba al Paraguay a los fenómenos mitológicos que según Alejo Carpentier, están muy lejos de agotarse en nuestra América. “Después de la afanosa búsqueda de El Dorado – destaca juan Carlos Cardinali -, del cerro del Potosí, de las fantasías rivadavianas sobre los yacimientos de Famatina, el esoterismo paraguayo desvelaba a los aventureros del Viejo Mundo”. El Paraguay se había aislado durante treinta años, aún así, cerrado hacia el exterior, no dejó de exportar tabaco, frutos, maderas y yerba mate. En la década del treinta se empezó a exportar algodón, que tendría una trascendencia futura por el interés de los mercados ingleses. Como no efectuaba importaciones, su balanza comercial se acrecentaba años tras año. Un territorio autosuficiente y sin pobreza iba a quedar a la muerte de su jefe Rodríguez de Francia. Lo que no tenía era libertad política, pero tampoco esclavos como el Imperio del Brasil, ni enviaba expediciones punitivas para someter al interior, como en la Argentina.

    Al asumir Carlos Antonio López, continúa la política proteccionista de su predecesor. “Hombre culto y conocedor de los adelantos técnicos – dice Leonardo Castagnino – desarrolla al Paraguay con mano firme. Nacionaliza las plantaciones de yerba mate y la producción de madera prohibiendo a los extranjeros la adquisición de tierras “. Nótese, en comparación el grave problema que vivimos en la actualidad con el problema de la extranjerización de la tierra. Bastó que un diputado propusiera un proyecto de reglamentación de la venta de tierras en zonas estratégicas, para que, ¡Oh, casualidad!, el diario “La Nación” pusiera el grito en el cielo. Castagnino continúa señalando que López: “Erige una fundición en Ibucuy de donde saldrán las armas para el ejército y los implementos agrícolas para labrar la tierra. Funda un arsenal y astillero en asunción (1855) de donde salen los barcos que necesita para la flota fluvial y de ultramar. Construye ferrocarriles, telégrafos, fábricas de pólvora, azufre, papel y tinturas. Hay en el Paraguay más de 430 escuelas y prácticamente no hay analfabetos. Los estudiantes destacados van a perfeccionarse a Europa para volver y servir a su patria. Paraguay no adhiere al libre comercio inglés ni toma empréstitos extranjeros que lo endeuden. Basa su economía en la exportación de productos con su propia flota y realizados por una clase trabajadora que se siente dueña. Paraguay era un país independiente, y su desarrollo no podía ser bien visto ni por sus vecinos ni por Gran Bretaña, mientras Brasil basaba su economía en la mano de obra esclava, y el mitrismo sometía al interior argentino arrojando a sus gauchos a los fortines, tratados de `vagos y mal entertenidos´. Paraguay era un mal ejemplo, un escándalo”

    La principal amenaza para los intereses nacionales paraguayos la constituía la política brasileña, orientada como la madre patria, a la más estrecha colaboración con los ingleses. Así como éstos últimos buscaban una forma de penetrar económicamente en Paraguay y conseguir la libre navegación en sus aguas fluviales, el Brasil perseguía el objetivo de engrandecer su territorio a expensas de los paraguayos. ¿Y la Argentina, o mejor dicho Mitre?. El libre comercio: “Cuando nuestros guerreros vuelvan de su larga y gloriosa campaña a recibir la merecida ovación que el pueblo les consagre podrá el comercio ver inscrito en sus banderas los grandes principios que los Apóstoles del libre cambio han proclamado para mayor felicidad de los hombres” ¡Que alegría! decía Jauretche – para los gauchos inválidos, ésta de haber peleado para los comerciantes de Manchester y Liverpool.

    En el año 1864 Brasil apela a lo que nuestro autor define como “la diplomacia del marinero herido”. pretextando maltrato de Aguirre a sus connacionales la corte Imperial resuelve dar su total apoyo a los Colorados uruguayos y a su jefe venancio Flores. Antes de terminar el año, Brasil reconoció a Flores como legítimo gobernante del Uruguay y abrió operaciones de guerra contra Aguirre y los blancos. El Brasil invadió el Uruguay y sobrevino la tragedia de Paysandú. La tradición nacional ha recogido en lo humildes versos del payador Gabino Ezeiza la ráfaga de indignación que agitó a nuestros pueblos cuando la ciudad de Paysandú, sin fortificaciones, fue bombardeada durante un mes por la escuadra brasileña.

    “Heroica Paysandú ¡yo te saludo!...” La ciudad fue reducida a escombros, era la primera vez que en Hispanoamérica se bombardeaba una ciudad abierta. Sus esforzados defensores, cual espartanos en las Termópilas, no transigieron. Rodeados por 10.000 hombres de las tropas brasileñas, lucharon hasta la extenuación. Mientras tanto, la “neutralidad” de Mitre abastecía a la escuadra imperial. En Paysandú, peleaba un joven federal argentino que más tarde sería senador de la provincia de Buenos Aires y compositor poético: José Hernández.

    Estimando que la intervención brasileña constituía un casus belli, Solano López declaró la guerra a su poderoso vecino. Para poder cumplir con su compromiso de ayudar al gobierno de Aguirre, López pidió permiso a Bartolomé Mitre para poder atravesar Corrientes. Mitre constestó negativamente y movilizó sus fuerzas contra López. El 16 de abril de 1865, en un arranque de auténtica megalomanía proclamó: “En 24 horas en los cuarteles, en tres semanas en Corrientes,en tres meses Asunción”. La guerra tardó cinco años. De esta manera, el pequeño Paraguay nacionalista quedó enfrentado a la poderosa alianza de Brasil con la Argentina, a quienes se les unió Uruguay, gobernado desde febrero de 1865 por Venancio Flores. Inglaterra y Francia brindaron su apoyo político y financiero a la Triple Alianza y movilizaron la opinión mundial en contra del “tirano” y “bárbaro” Francisco Solano López. No es casual que en medio de la contienda apareciera por los esteros del Paraguay un personaje de las novelas de Kipling o Conrad: Richard Burton.

    Explorador, lingüista y espía, Richard Francis Burton (1821-1890) fue un hombre que dominaba más de veinte idiomas -árabe, sánscrito e indostaní, entre otros- y tradujo clásicos del erotismo árabe e hindú como Las mil y una noches y el Kama Sutra. Un explorador que descubrió junto a John Seque las fuentes del río Nilo y el lago Tanganica. Un experimentado espía que recorrió la India durante años, peleó en la guerra de Crimea en 1854, visitó las ciudades prohibidas del Islam y escribió más de 40 libros de viajes y 30 de traducciones. Despidiéndose de su puesto de cónsul en la ciudad brasileña de Santos, el capitán Burton hizo dos viajes al Río de la Plata, en agosto de 1868 y en abril de 1869, donde escribió sus “Cartas desde los campos de batalla”. Burton las editó en Londres en 1870, cuando el presidente paraguayo Francisco Solano López moría en Cerro Corá y la Guerra de la Triple Alianza terminaba, dejando más de un millón de muertos. Burton fue sin duda un testigo excepcional, advierte lealmente que no presenció las grandes batallas -Curupaytí, Humaitá, Tuyutí- pero sí visitó los escenarios, dolido por la falta de interés brindado a una de las guerras más increíbles que se hayan peleado en este siglo. Su presencia, como la de otros agentes británicos, es una prueba más de los intereses de Inglaterra en la zona.

    La guerra comenzó por una ofensiva de los paraguayos en 1865, seguida de una contraofensiva de los aliados. En 1866 López abrió contactos con Mitre, con el fin de buscar las bases para una tregua y una paz eventual. El mandatario paraguayo se encontró ante una actitud intransigente de la Triple Alianza, cuyos integrantes en la apertura de los ríos y en la cesión de territorio. Rechazadas las exigencias aliadas, la lucha recomenzó con inusitada ferocidad. Frente a los numerosos y bien armados ejércitos de la Triple Alianza, Paraguay movilizó a su pueblo y realizó una de las epopeyas defensivas más extraordinarias y heroicas de la historia de la Humanidad. Después de quedar diezmada la población masculina adulta, se movilizaron las mujeres y los niños y continuó la lucha. En las últimas batallas, el mariscal López comandaba unidades de muchachos entre los 10 y los 14 años de edad. “¡Muero con mi Patria!”, exclamó el caudillo en el postrer momento. Hasta el fin, el pueblo paraguayo respaldó a su conductor en la más tenaz y sacrificada de las resistencias.

    Antes de la guerra, la población del Paraguay había sido de un millón de personas aproximadamente. La mitad - 500.000 – pereció en la Guerra de la Triple Alianza; ¡la población masculina fue reducida a 30.000! La economía del país quedó totalmente en ruinas e Inglaterra y Francia triunfaron a través de la conquista económica indirecta del espacio paraguayo y la liquidación de un nacionalismo que obstaculizaba la libre penetración de las mercaderías europeas al corazón del continente sudamericano.

    A lo largo de la obra, el autor estudia la traición, la felonía y los crímenes de los principales actores del partido liberal rioplatense que, aliado al Brasil esclavista, llevaron a cabo un genocidio de una envergadura similar al que se realizaría posteriormente con el pueblo armenio. La destrucción del país hermano tuvo su origen en la política iniciada como consecuencia de la derrota argentina de Caseros, puesta en evidencia por el autor a través de la documentación y escritos políticos de la época del “crimen”. Para ello se remonta al método de Taine, en cuyos relatos históricos “hablan” los protagonistas. Utilizando con singular maestría las publicaciones realizadas por los “testigos y actores”, y a través de una prosa ágil, Castagnino conduce al lector por los campos de batalla y las antesalas de los poderes involucrados. En suma, una obra imprescindible para la comprensión de nuestro definitivo proceso de consolidación continental.

    (*) José Luis Muñoz Azpiri (h) es Académico de Número. Instituto nacional de Investigaciones Históricas “Juan Manuel de Rosas”.

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    Palabras de apertura de Diego Gutiérrez Walker (*) en la presentación del libro:
    “GUERRA DEL PARAGUAY: LA TRIPLE ALIANZA CONTRA LOS PAÍSES DEL PLATA”
    de Leonardo Castagnino en la Manzana de las Luces.


    José L. Azpiri, Castagnino, Gelly Cantilo y Gutierrez Walker Hace exactamente un año presentamos en el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas, la obra de recopilación histórica “Juan Manuel de Rosas. Sombras y verdades” del ingeniero Leonardo Castagnino, cuya presentación estuvo a cargo del editor de la obra, Fabián D´Antonio y el escritor José Luis Muñoz Azpiri (h).

    Hoy nos congratulamos en presentar una nueva obra de este infatigable historiador revisionista, relacionada esta vez con la Guerra del Paraguay y la infame triple alianza conformada contra aquella nación.

    Como no podía ser de otra manera, esta obra también fue editada por Fabián D´Antonio, osado emprendedor que ha decidido dar batalla contra la sempiterna conspiración del silencio que el revisionismo padece en las grandes ligas editoriales. Ha lanzado su sello editorial, Ediciones Fabro, con una característica que tal vez la distingue de otras valientes editoriales del pensamiento nacionalista, del campo nacional y de la historiografía revisionista. D´Antonio ha decidido publicar, junto a la necesaria reedición de obras de consagrados autores revisionistas como Fermín Chávez o José María Rosa, libros de nuevos autores que de manera incipiente han empezado a incursionar en la ardua batalla por la victoria de la vera historia nacional.

    Hoy tenemos el honor de estar acompañados por Alberto Gelly Cantilo, actual presidente del Instituto Rosas, quién será reemplazado próximamente por el constitucionalista Alberto González Arzac. Alberto Gelly Cantilo ha apoyado siempre desde el Instituto toda la prolífica actividad que Leonardo Castagnino viene desarrollando hace unos años. Desde la creación de ese interesantísimo y didáctico portal de internet “La Gazeta Federal”, hasta las diversas actividades relacionadas con las presentaciones de sus obras escritas, Castagnino ha encontrado siempre en Gelly Cantilo un decidido impulsor y un genuino auspiciante.

    Además de sus reconocidas capacidades para la docencia y la investigación histórica, el Dr. Gelly Cantilo ha sabido poner de manifiesto y develar, para desmentirlo, uno de los prejuicios que siempre ha padecido el revisionismo histórico en general y el Instituto Rosas en particular. El Instituto Rosas, que siempre ha sido acusado de sectario, oscurantista, reaccionario y otras lindezas por el estilo; fue, como instituto histórico, clausurado y vuelto a abrir innumerables veces; siempre se ha caracterizado, paradójicamente, de abrir sus puertas, no sólo a todas las corrientes del revisionismo histórico, sino también a muchos docentes e investigadores de otras escuelas historiográficas, así como a permitir manifestaciones de todos los matices habidos y por haber en sus históricas publicaciones. Y esto no lo decimos imbuídos por un afeminado canto al pluralismo, o de una tolerancia ingenua que pone en igualdad de condiciones proposiciones naturalmente desiguales, sino porque ese espíritu que podríamos llamar escolástico (o dialéctico, en el sentido tradicional del término) ha caracterizado siempre al revisionismo histórico. Siempre el revisionismo buscó la controversia y la polémica, sea para impugnar o argumentar, para refutar o persuadir. Así lo han sabido expresar Irazusta, Castellani, Palacio, Rosa y tantos otros maestros de la casa.

    Y ese espíritu Gelly Cantilo lo ha intentado mantener vivo. Siempre apoyó a todas las expresiones del campo revisionista que se han acercado al instituto. A nadie le midió el “aceite ideológico”, y su afabilidad y don de gente como anfitrión, impulsor y patrocinador de innumerables actividades no tuvo reparos para con nadie. De Mohammed Alí Seineldín a Horacio González, por citar dos ejemplos conocidos, nadie tuvo ningún tipo de cortapisa para expresarse abiertamente. Si alguien no participó en el instituto de alguna actividad fue porque no quiso, porque no quería compartir cartel con algún “fascista”; por no quedar pegado a algún amigo oficialista o algún conocido opositor, para no ser considerado “populista” u “oligárquico” según el caso, etc. Sea por lo que sea, insistimos, nadie que se haya negado a participar de alguna actividad del instituto lo hizo por un impedimento proveniente del Dr. Gelly Cantilo. Las omisiones, los silenciamientos y las galimatías que siempre se puedan generar o decir 0al respecto siempre han venido de afuera del instituto, nunca de adentro. Nos acompaña también hoy, como en aquella oportunidad de la presentación del primer libro de Castagnino, José Luis Muñoz Azpiri (h), académico de Número del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas “Juan Manuel de Rosas”.

    Muñoz Azpiri es un escritor de prolífica producción periodística. Estudioso de la antropología nacional y americana, colaborador permanente de publicaciones de divulgación científica en el ámbito nacional e internacional. Su último libro, “Soledad de mis pesares”, es una contribución de inestimable valor para mantener viva la llama del espíritu malvinero en el pueblo argentino.

    Polemista de fuste, siempre está presto a desenvainar su pluma para dar batalla, sea contra la desmalvinización cultural o contra las nuevas leyendas negras que intentan borrar de nuestra efeméride nacional los festejos del hispánico 12 de octubre que presidentes como Hipólito Yrigoyen o Juan Domingo Perón supieran enaltecer en su momento.

    Como lo constatarán luego, es un orador de una gran enjundia y una pasión por la verdad histórica difícil de encontrar en estos días. Digno heredero de Ramón Doll, nuestro querido Pepe es una especie de arlequín de la vieja “Commedia dell´ arte”, afable y divertido juglar que con sus sarcásticos y punzantes comentarios pone de manifiesto no sólo las falsificaciones y las quiméricas apariencias de los que, por izquierda o por derecha, insisten en mantener actualizadas las consignas de la vieja historia oficial, sino que también sabe zaherir, con indiscutible afecto filial, sobre los clishés y defectos de los que pertenecemos al campo del revisionismo histórico, sea que nos identifiquemos con la corriente nacionalista, la izquierda nacional o el peronismo nacional, zoológico al que a nuestro amigo dice pertenecer…y que lo ha llevado a profundizar sus estudios antropológicos.

    Si tenemos que buscar un defecto en él, debemos consignar que encontramos una virtud, su identificación con la verdad histórica es auténtica y muchas veces su afabilidad y su auténtica apertura de espíritu lo hacen convivir y compartir cartel con personas que están más sujetas a utilizar el revisionismo histórico para justificar o denostar situaciones de la coyuntura política actual; almas supérfluas que están para rebajar las grandes verdades que el revisionismo supo descubrir para adecuarlas a consignas publicitarias del momento que mañana estarán tan gastadas como un diario de ayer.

    No es la militancia política lo que condenamos, entiéndase bien, es el envilecimiento de las grandes causas que la política con mayúscula debiera hacernos buscar, y para la que la historia verdadera debiera ser una guía para hacernos salir de este laberinto por el que no se encuentra salida ni de la mano de los tirios ni de los troyanos.

    Todas estas preocupaciones compartidas y aflicciones comunes, que a muchos de nosotros a veces nos hace bajar la guardia y caer en el desaliento, son el combustible que Muñoz Azpiri utiliza justamente para mantener la voz de alerta y proclamar, pluma en mano, esas necesarias e incómodas verdades que con frecuencia nosotros no queremos oír o leer.

    Leonardo Castagnino, el autor de la obra que hoy presentamos, es un auténtico militante de nuestra verdadera historia patria. Y decimos auténtico militante porque sabemos que esa expresión también ha sido devaluada en los últimos años por los unos y los otros. Nuestro autor milita por una causa justa que lo trasciende, deja muchas horas diarias de su esforzado trabajo y del calor de su hogar familiar para mantener actualizada una página de internet llamada “La Gazeta Federal”, compendio historiográfico, literario y político de lo más granado de la producción revisionista. Ciclópea tarea que ya se está empezando a ver reflejada en sus obras escritas.

    Castagnino ha sabido columbrar la importancia estratégica de dar la batalla por la verdad histórica y la reivindicación de la obra de Juan Manuel de Rosas en los campos de la difusión digital.

    Cualquiera de nosotros se ha acostumbrado a utilizar una herramienta como el correo electrónico para recibir y retransmitir textos o artículos historiográficos o políticos. Cuando Castagnino envía una nueva nota de su portal a 100 destinatarios, por estipular una cifra arbitraria, con que sólo el 10% de los que lo reciban hagan lo mismo y así sucesivamente, tendremos que en menos de 48 horas ese texto que empezó hacer rodar nuestro autor se ha multiplicado exponencialmente en su difusión. Pensemos asimismo los ingresos diarios que una página como “La Gazeta Federal” tiene y comparémosla con la cantidad de personas que estamos hoy aquí, para vislumbrar la importancia estratégica que esta página tiene para la difusión y promoción del conocimiento de nuestra historia y la obra política de los próceres del federalismo.

    Si bien la modernidad arrasó con muchas sanas costumbres, gracias a Dios todavía no ha podido extinguir al libro y su formidable e inigualable forma de transmitir conocimientos. Por eso nos congratulamos con la idea de Leonardo Castagnino de publicar como su segundo libro esta fantástica recopilación de fragmentos historiográficos y literarios que retratan cruda y verazmente la Guerra del Paraguay, con un inteligentísimo criterio de selección bibliográfica que permitió entrelazar con una naturalidad impensada textos de diversos historiadores, cronistas y pensadores de distintas épocas, incluso de algunos que no se identificaron con la causa federal e hispanoamericana.

    Y así como dijimos en la oportunidad de la presentación de su primer libro “Juan Manuel de Rosas: Sombras y Verdades” que Castagnino nos proponía , como Virgilio hiciera con el Dante en el purgatorio de la Divina Comedia, un viaje a través de distintos autores que abordaron la vida política de don Juan Manuel; ahora podemos decir que el autor nos propone un viaje al infierno, teniendo en cuenta la tragedia que la crónica que presentamos trata, para que conozcamos las furibundas recensiones que sobre esta guerra hicieran autores conocidos como Ibarguren, Muñoz Azpiri, Rosa, Vasconcellos y otros autores paraguayos e hispanoamericanos que desconocíamos y que descubrimos gracias a la tesonera labor de Castagnino.

    Mención especial queremos hacer de la implícita reivindicación a Atilio García Mellid que el autor hace en esta obra, como una forma de desagravio al indigno manto de silencio que cubre la figura de su memoria.

    Si ya nos parecía odioso el silenciamiento de grandes autores como Castellani, Nimio de Anquín, Palacio, Hugo Wast y otros porque su fidelidad a verdades inmutables los hace acreedores de cierta censura por esa especie de tribunal de la Inquisición Progresista que dicta las sentencias de lesa ideología, también nos resulta inexplicable la omisión de García Mellid del procerato de cierto neo revisionismo lavado con la asepsia de la corrección política, habida cuenta de su antigua filiación radical y forjista, y su exilio en Montevideo después del derrocamiento de Perón, desde donde escribiera su gran “Proceso al Liberalismo” y su “Proceso a los falsificadores de la Historia del Paraguay”. En fin, contradicciones que nos atrevemos a mostrar, pero que no podemos explicar debido a que la psiquiatría es una actividad que nos es absolutamente ajena.

    Valga un agradecimiento especial entonces a Castagnino, por hacer que la eximia mano de Atilio García Mellid nos guíe por este impostergable viaje que debemos emprender para conocer las verdaderas causas de esta trágica guerra en la cuenca del Plata, la más virulenta e ignominiosa que nuestra región conociera en el siglo XIX.

    Diego Gutiérrez Walker. Abril de 2011.
    (*) (Mienmbro del Inst.de Invest. Hist.Juan Manuel de Rosas)

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    Periódico ABC - Paraguay REPORTAJE EN PERIODICO ABC
    (Asunción del Paraguay)

    Entrevista:

    LEONARDO CASTAGNINO, una nueva visión sobre la Triple Alianza
    Jorge Rubiani - jrubiani@click.com.py

    El pasado Martes 5 de Abril se presentó en "La Manzana de las Luces", Buenos Aires, el libro "Guerra del Paraguay: la Triple Alianza contra los países del Plata". Obra del ingeniero argentino Leonardo Castagnino, componente de un cada vez mas crecido núcleo de investigadores que lucha contra la aburrida exposición de estereotipos sobre los hechos del pasado, la reiteración de concepciones dogmáticas o el simple regodeo por la simplificación o el reduccionismo en el abordaje de los mismos. Estos nuevos cultores de la Historia, provienen por lo general del concreto mundo de las matemáticas o del abstracto universo de la ingeniería, con un sentido racional de la honestidad intelectual que les impide aceptar "gato por liebre". Y mucho menos vender lo primero como si fuera lo segundo.

    En un aparte tras la presentación, Castagnino se prestó al siguiente reportaje:

    ¿Subsisten en la historiografía argentina las corrientes "unitarias" o "federales" ...y si existen ...¿Se asocian también estas corrientes entre una visión "porteña" o la del interior argentino?

    Es evidente que subsisten ambas corrientes, que no solamente se limitan a la historia en si misma. Sin embargo creo que muchos confunden los términos, y mientras se autodenominan “federales”, actúan como “centralistas”. Otros, por desconocimientos o intereses, navegan con un pie en cada canoa. La visión porteña no es tan visible, pero subsiste aunque algunos no la vean o la soslayen. Y su hegemonía sigue siendo preponderante sobre el interior. Muchos no le ven claramente, o se hacen los distraídos. De hecho, considero a esa guerra como un eslabón más de las luchas de la antinomia “Civilización o barbarie”, o de la hegemonía porteña contra el interior.

    Algunos títulos definen de antemano la interpretación de un hecho histórico ... ¿El suyo considera la guerra de la Triple Alianza como atentatorio al desarrollo o consolidación de las Repúblicas del Plata?

    El Paraguay previo a la guerra tenía un desarrollo propio mayor que el de sus vecinos. Su pueblo en general era mucho más instruido y no tenían luchas intestinas. Paraguay no estaba endeudado y trabajaba para si mismo. Si consideramos que Paraguay era integrante de los “países del Plata”, es evidente que el conjunto se niveló hacia abajo, y en vez de copiar la experiencia y desarrollo Paraguayo, lo destruyeron. Así lo interpretó también Juan Bautista Alberdi. Del mismo modo lo vieron muchos en las provincias interiores, que se opusieron abiertamente a la guerra. Considero que hubo dos ganadores: el imperio brasileño, que se quedó con un tercio del territorio paraguayo y logró su ingerencia en el resto, y los británicos que endeudaron a todos los partícipes de la guerra por varias décadas.

    Un número especial de Folha de Sao Paulo, de Noviembre de 1996, había considerado la guerra del Paraguay, como el acontecimiento mas importante para el paso del Imperio a la República en 1889. ¿Tuvo para la Argentina la misma importancia?

    Creo que la guerra fue funesta para los tres países (Paraguay, Argentina y Uruguay): Por supuesto que Paraguay sufrió la peor parte. Si algo tuvo de positivo para la Argentina, fue que quedó al descubierto el cretinismo de nuestros dirigentes, en especial Mitre, a quien los brasileños “le hacían escupir dulce y tragar amargo”. La historia oficial, inventada entre otros por el propio Mitre, se ocupó de callar, ocultar o tergiversar la verdad.

    La historia de las naciones parece reservar a algunos personajes, no ya la categoría de "héroes" o "villanos", sino de malditos .... ¿Es Juan Manuel de Rosas el "maldito" de la historia argentina?

    En principio la historia trató de ocultar la figura de Rosas. Fue precisamente un hombre de extracción liberal (Adolfo Saldías), amigo de Mitre y de Sarmiento, quien se decidió a escribir la historia de Rosas, que hasta entonces se había ignorado. Digamos que en principio creyó escribir la historia de la tiranía, pero cuando terminó su obra, la figura de Rosas se vio favorecida, para disgusto de Mitre. En un principio su obra se tituló “Historia de Rozas” y en las ediciones posteriores “Historia de la Confederación Argentina”. Fue el inicio de una corriente histórica que llamamos “revisionista”, en contraposición de la llamada “historia oficial”, que ignoraba o denostaba la figura de Rosas. La polémica entre ambas corrientes continúa en el presente. A mi modo de ver, Rosas es el maldito de una falsa historia, creada por sus adversarios y enemigos..

    ¿Cómo juzga el papel de Urquiza antes y durante la guerra?...¿puede interpretarse su muerte como una especie de revancha por lo sucedido en Cerro Corá?

    Urquiza, además de un caudillo de peso y de aptitud militar, fue un ególatra y un comerciante inescrupuloso. Tenía la habilidad de “navegar con un pie en cada canoa” como dije antes, manteniendo su posición entre dos posiciones opuestas, para ver la conveniencia de inclinarse para una o la otra. Tuvo esa actitud en muchas ocasiones, como en vísperas de Caseros y luego en las luchas civiles entre porteños y caudillos del interior, a quienes no desautorizaba ni combatía. La misma actitud tomó entre López y Mitre, manteniéndose en un equilibrio inestable hasta que vendió al imperio todos los caballos de Entre Ríos. Entonces si definió Urquiza su posición, y en mi libro lo desarrollo con detalle. La muerte de Urquiza fue la reacción de su propia gente de confianza, rebelados contra tanta traición. Entre ellas la guerra contra los paraguayos a quienes las provincias interiores en su conjunto sentían como pueblo hermano, enfrentados a porteños y brasileños.

    Una editora paraguaya acaba de adquirir 150 ejemplares de su libro para su venta en mi país... ¿Qué consejo daría a sus futuros lectores paraguayos para el abordaje de su obra?.

    No me siento con mérito suficiente para dar consejos a los lectores paraguayos. En todo caso les diría que no escribí esa obra con ánimo de enseñarles a los paraguayos la historia de su Patria, sino más bien estudié para comprenderla yo mismo. La escribí para dejar testimonio de ella respetando en lo posible lo que tengo como verdad, y como digo en el prólogo: lo hice en homenaje a miles de hombres y mujeres y en particular niños inocentes que murieron injustamente en esa guerra funesta.

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    Diego Gutierrez Walker. Marzo de 2010.
    (Sobre el libro Sombras y Verdades)


    Si bien la modernidad arrasa con muchas sanas costumbres, gracias a Dios todavía no ha podido extinguir al libro y su formidable e inigualable forma de transmitir conocimientos. Por eso nos congratulamos de la idea de Leonardo Castagnino de publicar como su primer libro esta fantástica recopilación de fragmentos historiográficos y literarios que retratan a nuestro Restaurador de las Leyes con un inteligentísimo criterio de selección bibliográfica que permitió entrelazar con una naturalidad impensada textos de diversos historiadores, cronistas y pensadores de distintas épocas, incluso de algunos que no se identificaron con la acción política rosista.

    Castagnino nos propone, como Virgilio hiciera con el Dante en el purgatorio de la Divina Comedia, un viaje a través de distintos autores que abordaron a don Juan Manuel desde su niñez; la participación en las invasiones inglesas durante su adolescencia; las duras faenas campestres y lecturas de juventud que tanto moldearon su personalidad; el impar desempeño como caudillo político que supo conducir los destinos nacionales en la plenitud de su vida y el exilio postrero en el extranjero, fatal destino de grandes conductores políticos argentinos.

    La honda dimensión de las diferencias entre unitarios y federales que supiera graficar José María Rosa; la profundidad del análisis psicológico de Carlos Ibarguren; la estirpe del auténtico varón que retratara José Luis Busaniche; la grandeza política del Restaurador que bien pusiera de relieve Julio Irazusta y la trascendencia histórica de Rosas que vindicó Atilio García Mellid son algunos eslabones de esta larga cadena de patriotas valientes que supieron desmantelar el manto de insidiosas mentiras que se propalaron sobre nuestro insigne prócer.

    Y ese repaso sobre lo más significativo de la literatura argentina, al estilo del que hiciera Fermín Chávez en su inolvidable recopilación “La Vuelta de don Juan Manuel”, se lo debemos a la tesonera labor y a la enjundia de este patriota militante de la verdad histórica, a este auténtico rosista federal llamado Leonardo Castagnino.

    Diego Gutiérrez Walker.

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    HISTORIA OFICIAL Y REVISIONISTA
    Por José Luis Muñoz Azpiri
    (*)

    José L.Muñoz Azpiri    

    J.L.Muñoz Azpiri

    (Presentación del libro “Juan Manuel de Rosas. Sombras y Verdades” de Leonardo Castagnino en el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas “Juan Manuel de Rosas” el 17 de marzo de 2010.)

    Me es sumamente grato, y por cierto inmerecido, el honor que se me confiere de presentar esta opera prima de nuestro amigo Leonardo, la que, por otra parte, esperamos sea el comienzo de una fecunda labor historiográfica.

    Este libro no tendrá repercusión en los suplementos literarios de los grandes medios, como sí lo tienen obras menores de maestritas normales con aire de historiadoras, en tanto rindan pleitesía a las vacas sagradas de la historia oficial. Para ello es necesario prosternarse ante la figura del Sumo Pontífice que bendice o excomulga desde la Universidad de Berkeley (o a alguno de sus acólitos), al Júpiter tonante de la izquierda argentina – Davis Viñas – o el “enfante terrible” de la literatura portuaria, Juan José Sebreli. Afortunadamente, esta casa, que dicho sea de paso integra la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la Nación, siempre ha sido una tribuna abierta a todas la expresiones del campo nacional y hoy abre generosamente sus puertas para presentar esta obra del amigo Castagnino que, a partir de ahora, también es nuestra.

    El autor, afortunadamente, no integra “la corporación de historiadores”, como la define Luis Alberto Romero, orgulloso de su pertenencia la misma, ni a los territorios feudales de los Departamentos de Historia de Las Universidades. No, es ingeniero, y es tal vez esa capacidad de cálculo inherente a su profesión, la que le ha permitido la mesura y el equilibrio con que encara a esta figura, por cierto, polémica de nuestra historia. Sin embargo, esta objetividad no significa la asepsia estéril de un laboratorio con la que, ciertos “profesionales de la historia”, dicen encarar la indagación de nuestro pasado; ocultando, arteramente, la más descarada manipulación del mismo con fines políticos. Las opiniones de Halperin Donghi referentes al revisionismo y el peronismo me eximen de comentarios.

    Decía Ernesto Palacio en “La historia falsificada” que no sabemos qué hacer porque no sabemos lo que somos; y no sabemos lo que somos porque se nos ha confundido deliberadamente sobre nuestros orígenes y no sabemos ahora de donde venimos”. La Argentina tiene dos historias: la oficial, por un lado, redactada a partir de mensajes de protagonistas y continuadores que muchas veces carecieron de la imparcialidad y perspectiva temporal suficiente para juzgar los hechos que los ocupaban y, del otro, la reacción del denominado revisionismo histórico, que, frente a muchas arbitrariedades, incógnitas y excesos diversos, buscó correr el telón para reivindicar la verdad, ofrecer certezas y despejar el incómodo camino poblado entre réprobos y elegidos, según gustos y afinidades.

    El revisionismo existe porque muchos aspectos de la historia argentina se ocultaron o interpretaron maliciosamente, no con el ánimo predispuesto a divulgar el pasado según criterios de fidelidad respecto a los acontecimientos ocurridos y su recta interpretación, sino con fines subalternos como se deducirá en la lectura de esta obra que estamos presentando.

    Todo país del mundo tiene su historia académica u “oficial” y su historiar “revisionista”. Lo tiene Inglaterra, Francia, Italia, la misma España y nuestra propia nación. Hilaire Belloc y G.K. Chesterton suponen que la historia de Inglaterra ha sido falsificada para servir a los intereses de la familia Cecil; en Italia se dice que lo mismo ha sucedido respecto de la Casa de Saboya; en Francia Charles Maurras y Jacques Bainville denuncian un “fraude” de este tipo en detrimento de las flores de lis y la herencia de las Cruzadas; en España, no pocas veces se ha redactado la historia local copiando juicios de historiadores protestantes y liberales de Alemania o Inglaterra cuyo objetivo manifiesto, camuflado en la reivindicación de las “autonomías”. Era negar las grandezas cívicas nacionales. De aquí que el hecho del revisionismo en si, obedezca a una constante general de la crítica histórica y carezca de las intenciones y proyección que quiere asignarle un sector de la opinión, apartado del contacto con los temas cosmopolitas o universales. Para nosotros, el “provincialismo” del revisionista reside tan solo en el juicio de quién administra dicha censura; en todas partes del mundo existe la crítica académica y la antiacadémica y resultaría una muestra de limitación o aldeanismo optar, con exclusividad, por una de ellas. El mundo es suficientemente ancho y complejo como para albergar a todas las ideas.

    El hecho de que una suerte de discípulo del general Bartolomé Mitre, el doctor Adolfo Saldías, haya formulado hace más de un siglo el desafío más significativo que ha experimentado la interpretación sectaria del pasado, no constituye un testimonio menor del lamentable estado en que se encontraba la historia, por ejemplo, respecto de esa etapa fundacional del pasado. Dice Marcelo Ramón Lascano, en otra obra de imprescindible lectura, “Imposturas históricas e Identidad nacional”: “Es cierto, la revisión disgusta y fomenta desencuentros. Pero ¿Por qué todas las disciplinas aceptan pacífica y civilizadamente severos cuestionamientos a sus contenidos y entre nosotros ciertos intérpretes del pasado lo resisten? Esto es así porque, más allá de escuelas, doctrinas, criterios interpretativos, muchos acontecimientos pretéritos han estado, al menos en el caso argentino, expuestos a servir otros intereses que los que conciernen específicamente a la Historia”.

    Las impugnaciones al revisionismo que brotan desde las atalayas donde los enfoques tradicionales custodian celosamente sus líneas, tienen algunas debilidades. Desde el punto de vista metodológico, precisamente porque resisten casi por definición la autocrítica, que es esencial al espíritu científico. El silencio que ha rodeado a Adolfo Saldías, Vicente y - sobre todo – Ernesto Quesada, Vicente Sierra, Rodolfo y Julio Irazusta y más recientemente, Raúl Scalabrini Ortiz, José María Rosa, Fermín Chávez y otros, condenados al ostracismo desde lo claustros universitarios, cuando no objeto de sorna por parte de los mismos, que califican de “folkloristas” a estos novedosos intérpretes del pasado, es todo un testimonio de las actitudes refractarias que han nublado el pasado argentino y salpicado nuestra identidad. No hace mucho, decía el recordado Jorge Bernardino Rivera en su “Celestina y la pedagogía de la historia”, que ubicarse en la vereda de enfrente en materia de exégesis y apologética histórica involucró generalmente riesgos académicos y personales que no todos los autores desearon correr. Pero entre nosotros resultó peligroso no solo ubicarse en la vereda opuesta, y disentir con lo esencial de la patrística consagrada, sino hasta el simple hecho de colocarse en posición “heterodoxa” en cuestiones accesorias o de mero detalle anecdótico.

    Se corría, por ejemplo, el riesgo nada desdeñable de no ingresar en la Academia (esa especie de Jockey Club de los historiadores), como les ocurrió a Rómulo D. Carbia y Diego Luis Molinari, o de acceder apenas como miembro “correspondiente”, tal como le pasó a José Luis Busaniche, a pesar de su liberalismo, su erudición y su incuestionable seriedad historiográfica.

    Se corría, lo que para un historiador o una corista de la calle Corrientes equivalía a un auténtico suicidio profesional, el riesgo del silencio, de la animosidad sorda, del rumor desprestigiante, de la hostilidad rencorosa y de la condenación a la última fila, como le ocurrió a Ernesto Quesada, por sus libros sobre el rosismo, a Ricardo Rojas (hasta que “reaccionó”) por La restauración nacionalista, a Juan Álvarez por Las guerras civiles argentinas, a Rodolfo y Julio Irazusta por La Argentina y el Imperio Británico, a Raúl Scalabrini Ortiz, por Política británica en el Río de la Plata e inclusive a Enrique de Gandía y Roberto Levillier por sus trabajos “heterodoxos” sobre Álzaga. Pero no se trata, continúa Rivera, “de predicar la guerra santa contra el Olimpo liberal para erigir en su lugar una nueva casta de inmortales revisionistas y de “estampitas” nacionales, sino de recuperar (sin recortes excluyentes ni enfoques prejuiciosos, como los que hemos padecido) el conjunto del campo histórico y cultural, en todos aquellos aspectos que hagan de manera profunda y efectiva, a nuestro proceso de descolonización, de reidentificación y de reivindicación de los propios patrimonios.”

    Meritoriamente, este libro lo logra. Que bueno, y que bueno que se publique en el año del Bicentenario, porque fue gracias a esta figura tutelar; magistralmente relatada en sus páginas, quién con garra férrea, en uno de los peores momentos de nuestra historia (más de dos mil días de asedio externo) impidió que nuestra Nación se partiera en cuatro republiquetas. Recordemos – y el autor nos ayuda – la Banda Oriental “La tierra purpúrea que Inglaterra perdió”, según reza la primera edición de la obra de Enrique H. Hudson, los Araucanos y Chile merodeando en la Patagonia que Rosas integró al país, la Confederación Peruano-boliviana acechando a Salta y Jujuy, el Paraguay asentado en Formosa, los “romanticos” exiliados y conspirando en Montevideo, la amenaza siempre latente del Imperio del Brasil y la agresión descarada de la OTAN de la época: la intervención anglo-francesa.

    Se comprende la inquina liberal, siempre al servicio de intereses externos. Rosas no aflojó a las pretensiones hegemónicas y menos en el tema de las vías navegables, ni en la independencia de Uruguay y Paraguay, como seguramente hubieran hecho los Estados Unidos en circunstancias parecidas.

    Leonardo Castagnino describe con didáctica ejemplar el tortuoso período de la Confederación Argentina y sus vicisitudes. Con una pluma que nada tiene que envidiar al Benito Pérez Galdós argentino, es decir, a Manuel Gálvez, asume el mérito de la pedagogía patria, acercando al gran público, siempre encadenado a las trivialidades cotidianas, a las “patéticas miserabilidades”, al decir de don Hipólito Irigoyen, la descripción de quien fuera bautizado por Giovanni Papini “el César de la Pampa”.

    Pero también este trabajo tiene un mérito más: está bien escrito. Al igual que Ernesto Renan, Taine, Momssen, Gibbon, Menéndez y Pelayo y otros, considero, si se me permite la presunción, que la historia es también un ejercicio literario. Práctica que niegan quienes, escudados en una supuesta “objetividad científica” nos indigestan con sus insoportables discursos. Quienes hemos padecido la lectura de Halperin Donghi, sabemos de oraciones extensísimas, sujetos pocos distinguibles, sobreentendidos sólo entendidos por el autor. En definitiva, textos áridos, poco amenos y de dificultosa lectura. Similares a los manifiestos de los cagatintas de “Caja Abierta”, que hacen una suerte de “reflexión interna”.

    Estos intercambios incestuosos, porque escriben para el “frente interno”, dado que están en angustia perpetua frente a los revisionistas, populistas, nacionalistas o el “cuco” de turno, son particularmente abundantes entre los posmodernistas, que discuten cuántas identidades podrán soportar. Tienen su propio lenguaje exótico, que sólo comprenden los iniciados, y su trabajo se concentra, en gran parte, en descifrar textos y lenguajes divorciados del mundo objetivo.

    No este el caso, porque no tengo dudas que tras la lectura de “Juan Manuel de Rosas. Sombras y Verdades” y, sobre todo, después del vino de honor que vamos a compartir, más de alguno de ustedes, con ojos afiebrados, desafiando a la concurrencia de algún boliche, clavará el facón en el mostrador y gritará ¡Viva el gaucho don Juan Manuel! Recordando lo viejos tiempos.

    Que así sea, querido amigo.

    José L.Muñoz Azpiri

    (*) José Luis Muñoz Azpiri (h), es Académico de Número del Instituto de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas. Nació el 22/06/57 en Buenos Aires, cursó estudios superiores de Historia en la Universidad del Salvador y de Antropología en la UBA y la Escuela Nacional de Antropología e Historia de México.
    Egresado del Curso Superior de la Escuela de Defensa Nacional, integra el Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas. Ejerce el periodismo en diversos medios nacionales y extranjeros. Su último libro (2007) es "Soledad de mis pesares" (Crónica de un despojo).

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